Sobre los ‘falsos si’ y romper la barrera del no

¿Alguna vez le has dicho a alguien lo que quería escuchar porque era la mejor solución y el único camino para avanzar? Algo parecido a ‘buena idea, suena bien‘, sin que realmente quieras dar esa opinión, e incluso entiendas sobre lo que te están hablando.

Siempre es más fácil decir ‘si’. Sobre todo cuando no tienes que hacer un seguimiento de lo que acabas de provocar. Es una salida de la conversación muy amena que hace que todos nos sintamos bien.

Pero hay ocasiones en las que un ‘sí forzado es un arma de doble filo, especialmente cuando lo que quieres es obtener opinión sobre una tarea, proyecto o producto. Si lo pensamos, cada conversación en la que pedimos opinión es una negociación disfrazada. Aprendí esto en el libro Rompe la barrera del no, en el que se cita que un falso sí es una vía de escape más fácil para el que en realidad quiere decir ‘no’.

Y esto nos pasa porque cuando opinamos sobre algo, lo que en realidad queremos es ser amables en lugar de sinceros. No obstante, saber la verdad sobre lo que la otra parte realmente quiere, es la única forma de alcanzar una resolución que a largo plazo sea pacífica.

Porque lo que está en juego aquí no es tanto la tarea, el proyecto o el producto en si, sino que es el camino para encontrar una solución al problema. Para mi, un ‘si falso’ es un error del que nos damos cuenta cuando queremos impulsar algo que surge a partir de ahí y con lo que nos hemos quedado cortos porque ya hemos cedido, de primeras, mucho terreno para encontrar una solución mejor.

No se trata de egos sino de soluciones. Por eso hay que hacer preguntas concretas. No ya el clásico ‘esto (solución) nos ayudará a conseguir (resultado)‘, porque lo normal es que todo el mundo quiera todo lo que a la larga se supone beneficioso sin importar el por qué.

En teoría no debería de ser dañino incluir siempre aspectos que nos ayudarán, ¿verdad? Pero da la casualidad de que cuando construyes una cosa, estás dejando de hacer otra. Por eso, evitemos preguntas con respuestas fáciles.

Y entonces, ¿qué hacemos?

Hacer preguntas más abiertas que eliminen la posibilidad de salida fácil. Por ejemplo, ‘¿Para qué utilizarías esto?‘ es lo suficientemente amplia como para que la otra parte nos diga lo que espera conseguir. 

Otra de las cosas que aprendí en ‘Rompe la barrera del no‘ fue a preguntar lo mismo de tres maneras diferentes. Si recibo la misma respuesta, es que todo está en orden. Si no, lo que descubrimos son problemas antes de que pasen.

Otra de las que sirven para filtrar van unidas a negocio: ‘¿Pagarías por ello?‘. Imagina la cantidad de funcionalidades y productos que han cogido polvo después de desarrollarse porque se hicieron tras la pregunta de ‘esto (solución) nos ayudará a conseguir (resultado)‘.

Aprender a decir que no

Hace un tiempo vi una web que tenía formas de decir que no. Me pareció una idea fuera de sentido común pero cuando pienso en todas las veces que se dice que si sin sentido, igual no es tan mala idea. 😉

Dejando las bromas a un lado, todos tenemos que aprender a decir que no como punto de partida más útil para conseguir información más precisa.

Un no, al igual que un no lo sé, tiene una cualidad liberadora que hace que la persona interrogada tenga el control de la situación. Y una sensación de control lo que conduce es a más comodidad y sinceridad.

Y si eres tú quién pregunta siempre podrás seguir con ‘¿por qué no?’. Mucho más eficaz que un si al que luego tienes que reconducir.

De esto, sobre feedback y las buenas conversaciones, hablo con Jorge y Carlos en Dale Una Vuelta.

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